Un oficio del tiempo

Vaya un comentario a modo de introducción/consejo para fumadores bisoños. He aquí una situación bastante común cuando se invita a un torcedor  a dar una demostración de su arte en vivo y en directo. Sin dudas es una experiencia muy interesante, especialmente para aquel que no tuvo la posibilidad de visitar una fabrica de puros, que generalmente acaba con el torcedor regalando las piezas que fue produciendo durante la velada a los asistentes. Es un gesto muy lindo. Y algo que también pasa es que los que reciben ese presente procedan  a encenderlo de inmediato. Este también es un bonito gesto, pero no por eso el puro obsequiado va a saber mejor.

 

El punto es que los puros son, como su nombre claramente lo indica, pieza hechas exclusivamente de tabaco. Procedentes de diversas partes de la planta, cada cual tiene su aporte para hacer en la totalidad, especialmente merced a los principios activos de sus aceites esenciales. Por ello es que se los suele dejar reposar, como un todo, por lo menos por dos años. Sí, aunque no lo diga explícitamente se entiende que dichos puros cuentan con ese mínimo añejamiento.

 

El paso del tiempo, si los cigarros se conservan adecuadamente, es un factor deseable, similar a lo que podría suceder con un vino. Digamos que se gana en complejidad lo que se va relegando en fortaleza.

 

Teniendo esto en cuenta un par de marcas más que señeras del vitolario cubano como podrían serlo Montecristo y Romeo y Julieta han ingresado al mercados sendas ediciones especiales bajo el término “Añejados“. Se trata de figuras generosas que certifican que fueron producidas en 2008. Con un valor un poco mayor que sus pares más contemporáneos son harto recomendables para el fumador reciente o el que carece de la paciencia de ir añejando sus propios habanos.