Cuestión de familiaIMG_9724IMG_9740

A poco de haber cumplido los 90 años Bodegas Bianchi continúa innovando con cepajes y terroirs. Y para muestra basta el recién llegado Bianchi Particular Cabernet Franc. Aquí la familia decide apartarse un poco del reconocidísimo San Rafael para apostar por una nueva expresión ahora en Valle de Uco.

 

Para hacer más distendida la degustación su Jefe de Enología, Silvio Alberto, guió una cata con cena en la cava del Alvear Grill regada con varios ejemplares de la línea más el aporte de un blanco de antología. “Estamos acostumbrados a trabajar en los suelos sanrafaelinos, pero cuando probamos la forma en que se expresaba el Cabernet Franc en nuestra finca de Los Chacayes supimos que teníamos un vino de excepción, digno de sumarse a la saga de los Particular. Este es el nombre con que se decidió bautizar a las etiquetas de alta gama, fruto de una selección que el patriarca Don Enzo solía guardar sólo para la familia y los amigos más cercanos. Es todo un patrimonio, hablamos de una zona con gran amplitud térmica, algo que aporta a la creación de grandes vinos que además se benefician de altos niveles de concentración al punto de utilizar apenas dos plantas para producir una botella– comenta el winemaker- Todo redondeado por el aporte de su paso de 12 meses por barricas de roble francés de primer uso.”

 

Alabando su fina estampa la presentación de este nuevo integrante también fue la mejor excusa para dar a conocer el rediseño de etiquetas del Particular. “Estamos replanteando nuestra imagen corporativa como marca global y este cambio apunta en ese sentido– afirma Rafael Calderón, Gerente General de la bodega.- hemos ampliado la etiqueta, sumándole una imagen de la cava familiar de San Rafael más información de origen, terroir y añada y la leyenda “Family Estate Grown” como señal de un producto nacido y criado en las fincas de la familia.”

 

Sin prisas, el enólogo con nombre y porte de personaje de Los Soprano, decidió abrir el juego con un verdadero fuori serie. Se trataba del María Carmen Chardonnay 2018, que en algún momento se sumará (o no, pero podemos apostar más por la afirmativa) a la oferta de alta gama de Bianchi. Aunque ya existían ediciones previas de esta blanco increíble, para los que lo probábamos por primera vez casi casi nos hace olvidar del protagonista de la velada. Es que este Chardonnay superior era una fiesta para el paladar. Mucha fruta blanca, pero con flores y notas lácteas. Casi no podía creerse que hubiera tenido su buen paso por barrica de tan elegantemente integrada que estaba la madera. Sin duda que se le tenía especial cariño a esas escasas botellas que el propio Alberto debió traer consigo en el avión, al punto tal que varios pasos de la cena de Sergio Crubego se plantearon para maridar con blancos. Así desfilaron un tartár de salmón, una morcilla al vino tinto y unas mollejas con salsa de cítricos.

 

Pese al entusiasmo que despertó, nadie desatendió la llegada de un must del Alvear Grill con una Selección de carnes a las brasas con vegetales grillados y tres salsas. Aquí se pasó al tinto con tres ejemplares sobre los que se podía ir y volver. El Malbec y el Cabernet Sauvignon (que hizo recordar la inveterada asunción de que es es la cepa imbatible de San Rafael) y el nuevo integrante de la saga familiar. Un gran diferencial fue que no estuviese tan presente la típica nota del aguaribay, la falsa pimienta rosa. Se sentían notas de piracinas más cocidas y ahumadas que se envolvían en un centro de buena acidez con un dejo mineral, claro aporte del suelo de Los Chacayes.