Al hueso

Desde los años en que Sebastián Zuccardi decidió empezar con la división de Investigación y Desarrollo de la bodega familiar que hemos sido testigos de su periplo por representar con justeza y justicia los vinos que puede brindar el Valle de Uco. Mezcla de cruzada personal, credo y decisión familiar empresaria, en los últimos años pudimos ver como esa búsqueda se afinaba cada vez más hasta lograr estos nuevos Polígonos que, en palabras de su creador, están yendo cada vez más al hueso.

 

Hubo un momento en que adherí a la idea de que el terroir era básicamente la conjunción suelo y clima. Y creo que en esa imagen estaba faltando algo. Y eso era el hombre– sostiene Sebastián- Claramente existe un producto que tiene que ver solo con ese suelo y ese clima, pero a los vinos hay que verlos como lo que determinado productor hace justamente con esos elementos. En mi caso particular es una búsqueda por encontrar la expresión más auténtica de ese terroir, pero filtrada a través de mi propia mirada.” Y si esta creencia puede encontrarse reflejada en cualquiera de sus vinos pocos ejemplos resultan más claros que la reciente presentación de las nuevas añadas e incorporaciones de su serie Polígonos.

 

Ademas del nuevo diseño de sus etiquetas (más clásicas y elegantes, en opinión de quien suscribe) se han sumado dos nuevos varietales: un inesperado Verdejo (inesperado en tanto y en cuanto la serie anterior era exclusivamente de tintos) y un muy interesante Cabernet Franc. Sin embargo es una experiencia casi pedagógica el tener back to back los tres Malbec que completan la serie.

 

Entiendo que estos parajes (San Pablo, Altamira y Tupungato Alto, que se pronuncia Gualtallary cuando no hay problemas de royalties)  tienen su propia idiosincracia– continúa Sebastián- Y espero que queden plasmadas en cada uno de los vinos que allí producimos. Pero sin embrago encuentro dos puntos de contacto, que hemos tratado de destacar ya desde la propia denominación que se ve en la etiqueta. Son vinos de montaña. Están en altura y pertenecen a un secano. Estas son características privativas de esta zona y no hay otros vinos en el mundo que reúnan estos dos atributos. El punto es que la zona presenta condiciones de baja temperatura y una insolación muy noble, dos prerrequisitos que parecen garantizar calidad para lo que allí se produzca. Y entiendo que uno de los ejemplos que más claro muestra esas posibilidades es la producción de San Pablo.” Ya desde el año pasado que la serie contaba con una variedad de ese lugar y que había despertado una módica polémica cuando se lo comparaba con sus otros dos compañeros de ruta. El punto fue que aquel San Pablo era muy mineral, con un dejo salino. Y era también, básicamente, un vino flaco. Quizás filoso, pero que desconcertaba con una prolongación en boca dada más merced a la tensión que al cuerpo. “Ese ejemplo fue muy particular. Tenía tantas ganas de demostrar el potencial que yo intuía en San Pablo que hice un vino con uvas de un productor vecino, puesto que el Malbec que habíamos plantado aún no estaba listo– continua Sebastian- Pero ahora está claro que esta versión es totalmente nuestra, nuestra interpretación de nuestras propias uvas y nuestra propia realización.” Y bien que la diferencia se siente. Este nuevo Malbec es mucho más elegante y tenso.

 

Existe mucha discusión en torno al concepto de mineralidad, puesto que es un elemento que no se registra físicamente cuando se analiza la constitución  de un vino, pero que sin duda está presente en el paladar cuando se lo bebe. Y este vino está construido sobre ese concepto. Es pura tensión con muy poca expresión frutal y un cuerpo de una ligereza llamativa para el perfil de tintos carnosos a los que el consumidor local está tan acostumbrado. “Quizás este Malbec de San Pablo esté un poco adelantado a su tiempo– cierra Sebastián- pero lo hemos creado en la convicción de que ese carácter de tiza le brinda una entidad mucho más complementaria que los tintos rotundos y repletos de fruta que suelen caracterizar a la cepa. Pero es esa misma condición la que, por un lado lo desmarca y, por otro, lo vuelve un vino totalmente pensado para acompañar la buena mesa.