Rienda corta

Luego de triunfar en el mundo de los espumantes con el cava más vendido del mundo la gente de Freixenet decidió incursionar también en el segmento de los vinos tranquilos. Para ello supo hacerse de viñedos de este lado del Atlántico, más precisamente en Mendoza y, aun más específicamente en Tupungato. De los varios ejemplos de su producción de este lado del océano, al grupo barcelonés hay que reconocerle una clara apuesta por la excelencia. Finca Ferrer es, sin duda, una de las bodegas donde esta búsqueda se hace más patente.

 

Para presentar en sociedad a un nuevo integrante de la destacada Colección 1310 la gente de Finca Ferrer convocó a la prensa a La Cabrera donde, pantagruélico almuerzo mediante, pudimos conocer al Malbec del Bloc a6. Y, aunque oficialmente ya había sido introducido, emparejarlo también al segundo integrante de la familia, un Chardonnay pleno de brío y con una plasticidad tal que no desentonó en el festival cárnico del reducto de Gastón Riveira.

 

Merced a la extraña vocación de quien suscribe por la puntualidad (o por el simple desborde de ego que no hace que uno escatime espacio cerca de la cabecera de la mesa) fue posible sentarse al lado de Daniel Ekkert, enólogo de vasta experiencia y responsable de la serie. “Creo que estamos tratando de representar este increíble terroir que es Gualtallary en nuestra Colección 1310. Arrancamos con un Pinot Noir, seguimos con un Chardonnay y ahora estamos presentando este ejemplar de nuestra cepa insignia.- comenta entusiasmado el winemaker – Incluso en este momento lo estamos presentando con apenas 20 días de embotellado. Nos pareció interesante teniendo en cuenta de que se trataba de prensa con conocimiento, que iba a saber discernir el gran potencial de guarda que tiene este vino.”

 

La serie Colección 1310, hace alusión a la altura de esta finca en Gualtallary y arrancó el año pasado con un Pinot Noir. Quizás esta inmediatez de probarlo tan al pie de la vaca, por así decirlo, marca una diferencia con el recuerdo de aquel otro tinto, con una impronta más reposada y hasta señorial si se quiere. El punto es que el nuevo Malbec se presenta muy fresco, vibrante y complejo. Hay mucha nota láctea, del toffee que en estas pampas bien podríamos llamar dulce de leche, con una especia compleja y todo atravesado por una mineralidad que le agrega tensión en boca. “Estamos tratando de hacer grandes vinos que reflejen su origen.- continua Ekkert – Y nos encontramos con características deseables y muy particulares que, sin embargo, también exigen criterio e interpretación. Por ejemplo la base de suelo calcáreo aporta esas notas de tiza o grafito que pueden resultar atractivas para un paladar entrenado pero que deben ser manejadas con tino porque sino acaban dejando una huella entre amarga y salina en el final de boca. Lo mismo sucede con los colores y los taninos. Mientras que en otros terroirs uno debe compensar, aquí la potencia y la exuberancia están tan presentes que hay que manejarlas con cuidado. En este caso lo que hicimos fue retardar la fermentación durante cuatro días a baja temperatura y, durante ese periodo ya pudimos sacar el color que queríamos y seguir ajustando otras variantes. El punto es que, ante el ímpetu del terroir aquí podríamos decir que, más que potenciar o tunnear el vino tenemos que sofrenarlo.”

 

El resultado: una serie de vinos con los mejores prospectos. Incluso el Chardonnay presentaba una paleta que lo dejaba acompañar el rosario de cortes de carne que no escasearon (más bien todo lo contrario) en La Cabrera. Una serie de ediciones muy escasas, con apenas 6600 botellas en el caso del recienvenido,  que prometen hacer y, especialmente, seguir haciendo a través de la guarda, las delicias del consumidor avezado.