La conjunción de tres vientos le dieron el nombre a la bodega y la conjunción de tres décadas le han dado el lugar que ahora ocupa en la industria del vino argentino. Trivento reúne una larga cadena de reconocimientos desde que empezara su derrotero en 1996. Ahora, mientras celebran 30 años de una historia cargada de logros, aprovechamos que un par de sus referentes bajaron a la ciudad y con un almuerzo en Wino revisitamos los hitos que la llevaron al sitial que ocupa como la mayor bodega exportadora de Argentina.
Guiando la charla tuvimos el placer de compartir la mesa con Victoria Acosta, responsable de Comunicación y Relaciones públicas de Trivento junto a un viejo conocido de estas páginas, el Jefe de Enología, Germán Di Césare.
«Hemos tenido una historia jalonada de momentos que fueron sumando a nuestra posición actual – arranca Acosta– Desde la aparición de nuestro reconocido Golden Reserve (que es actualmente nuestra línea más premiada) en el 2000 a cuando cuatro años después ingresamos al Top 5 de las bodegas con mayor exportación del país. O en 2008 cuando nace nuestro ícono Eolo. Un momento significativo como proyecto integral fue cuando decidimos comenzar a potenciar nuestra propuesta de turismo enogastronómico en 2011. Otro de los ángulos desde donde construímos esta empresa tiene que ver con la sustentabilidad y por ello comenzamos a implementar diversas medidas desde 2018 para, tres años después, ser reconocidos con la certificación de Empresa B. Y por supuesto nuestros últimos tres años consecutivos como la mayor exportadora de vino argentino.»

Claramente su producto fue protagonista indiscutido de la reunión comentado y explicado al detalle por su enólogo jefe: «Estamos en la búsqueda de potenciar la representatividad del terroir de nuestros viñedos en Lujan de Cuyo y Valle de Uco basados en una política de investigación de parcelas en profundidad. En un principio la idea fue aprovechar la plasticidad intrínseca del Malbec aunque actualmente vemos cómo dicha prédica también está dando frutos con cepas como el Cabernet Sauvignon o el Cabernet Franc. Esta metodología se ha demostrado igualmente útil a la hora de encarar los blancos con el mismo norte de calidad y representación.»
Para graficarlo y junto al terrario de hongos con que arrancó la mesa pudimos probar el Chardonnay 2025 de su celebrada línea Golden Reserve. Aquí se hizo patente parte de esa definición en cuanto al compromiso de reflejar tanto la tipicidad varietal como las particularidades del viñedo.
A renglón seguido pasamos a un ojo de bife como base de un abanico de expresiones tintas. Arrancamos con un Golden Reserve Malbec Cabernet Franc bien redondo de taninos y con suaves notas mentoladas merced al 70% de Malbec de Chacayes cerrado con algo de fruta negra del Cabernet Franc de Altamira. Luego pasamos al Gaudeo Malbec 2022 también de Altamira con alcohol presente, toques de confitura y guinda. Siguió el Stratus 2022, un corte mayoritario de Malbec con porciones similares de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot. Y por supuesto no podía faltar el ícono de la escudería, el exclusivo Eolo cosecha 2022, un Single Vineyard Malbec con aportes de parcelas con cuatro tipos de suelo, un ejemplo cabal del credo de la bodega «Queremos que en nuestros vinos la elegancia prime sobre el ego de cada varietal.»



