Sin la necesidad de poner un centinela inexpugnable como el que guardaba la puerta del cuento «Ante la ley» de Kafka ni sufrir el miedo a la entrada de cualquier negocio de lujo, muchas veces al público en general le inquieta la idea de comer en un hotel.
Existe el temor de que sean reductos tan presuntamente suntuosos como sus habitaciones o, en oposición, que su mesa sea un standar, alto quizás, pero standar al fin y al cabo. Por suerte esto no deja de ser un mito donde ejemplos como el del Patio 378, el restaurant dentro del Novotel Buenos Aires, están prontos para refutarlo.
Este nuevo vecino de la Calle Corrientes ofrece una locación más que de cercanía casi de inmersión en las procelosas aguas del teatro argentino. Pero resulta que la propia forma del hotel convierte a su patio interior y la deck de su pileta en un espacio increíblemente silencioso, literalmente un oasis a apenas una veintena de metros de la vereda de la célebre avenida que nunca duerme. Además de, sí, ofrecer cocina de autor a precios más que amigables.

«Trabajar en un hotel es algo distinto– Nos cuenta Facundo Díaz, chef de Patio 378 – porque en cierto modo da más visibilidad especialmente en redes tanto entre la gente propia, los huéspedes, como con los comensales que se acercan. Trabajamos mucho con productos de temporada buscando siempre darles un plus sabiendo que hay que ponerle mucho trabajo y mucha inventiva por ejemplo al uso de vegetales para que se destaquen por un sabor que no sea igual que en todos lados. Es la impronta de lo que buscamos aquí dentro de una movida cultural que propone una cocina más saludable, lo que resulta en que algo así como el 60% de nuestra carta esté basada en vegetales. También tenemos precios muy accesibles, especialmente con nuestro menú de tres pasos, un opción muy competitiva dentro de lo que ofrece la calle Corrientes. Al cruzar una regia entrada de hotel la gente tiene el prejuicio de que va a ser algo caro y sin embargo cualquiera puede venir a comer rico sin que le cueste un ojo de la cara. Utilizamos productos premium y eso se refleja en una carta muy interesante. Buscamos que la gente cuando venga disfrute de lo que hacemos y se vaya contenta, y que mediante el boca a boca otros puedan enterarse de nuestra propuesta.»


Ciertamente que lo consiguen con una carta concisa y bien resuelta. Además de todo el uso de los vegetales representados en entrantes con espárragos o un humus con zanahorias y almendras hay blinis de tres semillas con trucha y hasta sopas si uno acaba haciendo caso omiso de los devaneos de esta primavera rebelde. Dentro del menú de tres pasos se pueden probar platos de autor, sin incluir en este caso bebidas alcohólicas aunque en la carta propiamente dicha existen opciones de vino por copa muy atendibles. Una mención especial a las pastas caseras donde destacan los raviolones en tinta. O un ragú muy sabroso. Aunque tienda a haber un plétora de verdes merecen un cometario destacado los platos con la pesca del día y una muy celebrada entraña con papas rústicas. Y todo servido sobre una menagerie tan original como cálida haciendo evidente la atención al detalle de este impensado remanso a pasos del Obelisco.



