Seiko para sibaritas

Si pensamos la devoción por la relojería como una suerte de educación sentimental vemos que, una vez adquiridos, ciertos gustos no parecen plausibles de desaprenderse. Esto sucede con manufacturas que empiezan a gozar del favor de un público que poco a poco se vuelve ávido por sus novedades más selectas y desea poder acceder a ellas. Si este es tu caso con Seiko dejame decirte que estás de parabienes porque acaba de inaugurarse su primera boutique exclusiva en la Argentina.

El coqueto espacio está virtualmente enfrente de la Plaza San Martín (San Martín 1103) y ofrece piezas únicas . Además de la posibilidad de acceder a modelos que no se distribuían en el país este nuevo espacio cuenta por primera vez con ejemplares de la línea King Seiko. Incluso en estas páginas hemos hablado de su serie Vanac, relojes con nostalgia de los 70 pero que ofrecen lo último en tendencia con su ausencia de bisel y su brazalete integrado junto a un fondo, en el modelo que pude probarme, inspirado en el púrpura de los inolvidables atardeceres de su Tokio natal (SLA083)

Hablando de recuerdos imposibles de borrar esta vitrina en escala a lo más granado del universo de Seiko me retrotrajo a la visita a la boutique de la manufactura en Ginza. Si bien aquella ocupaba varios pisos lo mismo era un punto de contacto con piezas que pocos han tenido la posibilidad de tener ante sí. Y volviendo a la memoria de aquel viaje, en la nueva embajada de la marca pude encontrarme con una pieza que menta sus orígenes, conjugando dos de sus perfiles pioneros, con el fondo de porcelana único hecho a mano por el maestro Mitsuru Yokosawa. Durante la que resultó ser la última Media Experience de Seiko tuvimos la oportunidad de conocerlo en su taller de Morioka, una locación enclavada en un bosque de pinos rojos en lo que se conoce como Los Alpes Japoneses. Esta técnica tiene marcas y depresiones «imperfectas» que hacen que cada carátula sea una pieza irrepetible. En este caso siendo parte de un Presage dedicado al 145 Aniversario de Seiko (SPB538). A diferencia de otros modelos que ya hemos reseñado en estas páginas aquí se dan cita dos inspiraciones clásicas: el Timekeeper , un cronómetro de bolsillo de 1895 y ahora sí el Laurel, primer reloj de correa japonés, de 1915. Si bien la versión del 2023 (SPB359) compartía la misma técnica de porcelana, el tipo de correa de cuero de perfil militar y la típica corona de cebolla sobredimensionada, aquí se recurrió a una caja enchapada en oro bastante más pequeña (35 mm) el uso de números romanos y tres agujas al centro contra la costumbre de presentar los segundos pequeños a las seis. Todos estos detalles que le brindan una apariencia más de reloj de vestir.

Y el gusto no se acaba allí. Los aficionados también tendrán la posibilidad de encontrarse con varios relojes destacados de Seiko que ya hemos reseñado en este espacio como el cancherísimo Seiko 5 Sports HUF Edición Limitada (SRPM09) con su verde impronta de radar de submarino o el soberbio Seiko Prospex Marinemaster 1968 Heritage que abre esta nota en su versión JAMSTEC (HBF002) que emula en su caratula la rotura del hielo del Ártico durante las campañas de investigación japonesas.




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