De la obediencia (y sus frutos)

Más allá de la valía intrínseca de sus vinos, desde estas páginas siempre hemos elogiado la gran coherencia de la familia Zuccardi en el manejo de su bodega. Algo en apariencia tan sencillo como pedirle guía a su área de Investigación y Desarrollo para luego atenerse a sus indicaciones les ha venido dando buenos resultados a través de los años. Y en su reciente Revolución de Blancos eso volvió a ponerse de manifiesto.

Pleno de espíritu didáctico Sebastián Zuccardi convocó a un cuantioso grupo de conocedores en La Mar con la excusa de probar las nuevas añadas de sus blancos más conspicuos.

«Este es un camino que iniciamos hace ya una década con el primer Fósil – arranca el enólogo – y ahora seguimos plasmando en estos blancos de montaña el credo en que se basa nuestra bodega. Siempre dijimos que nuestra búsqueda era tratar de volcar la expresión más fiel del vino que pudiera producirse en nuestros viñedos. Precisamente por ello hemos hecho hincapié en que fuesen nuestros puesto que, si tanto nos interesa mantener esa fidelidad, debíamos poder tener incidencia en todo el proceso. Creemos profundamente en el vino como una conjunción inclaudicable de interpretación, lugar y clima

«Comulgamos, como decía Federich Nietzsche, con la idea de sostener una larga obediencia en la misma dirección y creemos que, en estas etiquetas, se ven los frutos de esa prédica. Hemos cambiado la ecuación de los blancos de régimen oceánico, con su bajas temperaturas, por altura y cercanía con la montaña. También dejando que las viñas medren entre la flora nativa y que ello redunde en notas que, como ha dicho alguien, representen un herboir personalísimo.

Tanto respeto por la idiosincracia del lugar ha llevado a la bodega a recurrir a mapeos de suelo superespecíficos por un lado y al reconocimiento de una división de sus líneas de vinos en parajes, fincas y pueblos por el otro.

Por ese motivo se hizo una cata de de dos parejas de sus representantes. Del primer grupo con la versión 2024 de aquel Fósil con el que comenzó todo y su Botánico, también de la misma añada.

Con el Fósil queda patente la búsqueda de una expresión eminentemente austera, con notas minerales y herbales nativas como el huacatay bien del Chardonnay que se da en San Pablo, a sólo 600 metros de la cordillera y con 1400 metros de cota. Probándolo espalda con espalda contra el Botánico, apenas con sólo unos 50 o a lo sumo 100 metros menos de nivel pero de Gualtallary Monasterio, nos encontramos con un Chardonnay casi festivo en comparación, con algo más de fruta.

Hilando aún más fino fue el turno de los Vinos de Finca. Primero fue el momento del Finca Las Cuchillas, volviendo a San Pablo y también conservando la cepa pero versión 2023 que fue un año muy seco. Un blanco de mucha sofisticación y frescura que promete una guarda virtuosa. Luego se pasó al Finca Los Membrillos de 2021. Siempre con la idea de reflejar la zona con la mayor autenticidad posible aquí se optó por el Semillón, otra uva con mucha historia en la viticultura mendocina. En 2021 el clima fue fresco y húmedo lo que hizo que hubiera que ir cosechando las parcelas en distintos momentos para conseguir balance entre azúcar y acidez.

Como para que nadie se quede con las ganas todos pasamos al patio a probar la gran variedad de platos de pescado de La Mar con barra libre de los seis blancos de la línea Polígonos cerrando al completo el portfolio de su Revolución.

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