Vestido para perder de un total white fulgente en los últimos Oscar, Timothée Chalament también se llevó muchas miradas por el exclusivísimo reloj que lucía en su muñeca. Es que, a diferencia del personaje de la ampliamente sobrevalorada candidata por la que competía, aquel UJ-2 sí era una pieza que casi podría fundar su propia categoría.
Imbuido de una aparente sencillez este reloj de Urban Jürgensen es parte de la reéntre de una verdadera leyenda del gremio. La manufactura vio la luz en Copenhage en 1773 y como tantos otros guardatiempos de la época alcanzó su momento de gloria al servicio de la Armada Real Danesa descollando en el campo de la cronometría marina. A partir de allí la marca tuvo un recorrido lleno de altibajos hasta terminar en un virtual estado de latencia en manos de un grupo inversionista dinamarqués. Por suerte para la afición una familia norteamericana de coleccionistas, los Rosenfield, decidió traer de vuelta a la vida este proyecto. Para ello recurrió a algunos socios estratégicos (entre los cuales se acaba de sumar recientemente el propio Chalament) y, por sobre todo, al legendario Kari Vouitilainen. Algo que se sintió muy natural puesto que esta super estrella de la horología ya había sido parte de la marca en uno de sus antiguos momentos de esplendor.

Si para algo sirven estas piezas, a mi juicio, es para traer a la palestra el fenómeno de las marcas independientes que no se agotan sólo en el super lujo. Por supuesto que aquí hablamos de un entry level of sorts campeando los 100.000 francos suizos. Pero a diferencia del también Marty Supreme alumnus Kevin O’Leary, que en la misma gala podríamos decir que «lució»un tan ordinario como carísimo Rolex Daytona tachonado de diamantes, los UJ gritan su nobleza en voz baja. No son relojes para el show off sino creaciones que sólo los entendidos pueden reconocer. No es casual que Vouitilainen pertenezca a la raza en extinción de grande maestros relojeros que, luego de estudiar y reparar piezas de alta relojería históricas, decidiera rendirle tributo a ese pasado glorioso con sus propias obras.
Dentro de una caja de platino de 39 mm vemos una carátula totalmente en plata de ley con el juego de agujas de su venerado Breguet ligeramente descentrado hacia arriba y los segundos pequeños en un campo a las 4 30. La elección del material del fondo no es caprichosa dado que tiene partes trabajadas de guilloché de grano y Clous de Paris. El corazón del UJ-2 se alimenta de otro homenaje a Breguet: un escape natural de fuerza constante de doble rueda dentada con una reserva de marcha de 52 horas cuyo indicador de abanico puede verse a las 0. Aunque no se trata de una edición limitada la cantidad de piezas producidas no se darán a conocer públicamente.



