«Simple» es, literalmente, el nombre de un espacio que brilla dentro del barrio de Floresta y que ha sido devuelto a los vecinos poniendo en valor, de paso, el viejo taller del escultor Antonio Pujía. Julieta Samamé junto a su esposo arquitecto se han dado a rescatar viejas casonas con estilo (e historia) para luego utilizarlas como lugar de eventos. Y en este caso dieron con esta vieja caso chorizo que el reconocido artista utilizó toda su vida como un referente profundo de su barrio.
El pasillo de entrada esta jalonado por grandes esculturas que, dada su contundencia, fueron obligadas a ser parte del nuevo proyecto y prefiguraron lo que devendría espacio de exposición permanente de una parte de la obra del Maestro.

Para presentarlo en sociedad se invitó a un grupo de periodistas que fueron conociendo el espacio con anfitriones de lujo como Sandro, el mismísimo hijo del artista o Pablo Queijas, su último discípulo.
El escultor fue un profundo creyente del arte de la enseñanza del arte dando clases en todas las escuelas donde se formó e incluso también en otras. Sin ir mas lejos quien suscribe (en una jovencísima versión) fue participe de una de sus clases magistrales en la Escuela Lola Mora. De hecho recuerdo patente el término «a la cera perdida«, una técnica en la que no muchos escultores abrevaban. Si bien Pujía recurrió asiduamente al bronce decimonónico en su obra también se destacó por modelar con cera de abeja numerosas piezas que luego se moldeaban y finalmente se escurrían haciendo un ejemplo patente de su primer carácter efímero. Es en esta técnica en la que fueron creadas muchas joyas. Esta es otra faceta no tan popular entre los artistas de la época. Incluso ésta vocación por las piezas menudas hizo que en 1983 ganara el concurso que la bodega Trapiche convocase para la pequeña medalla de su serie homónima y que, con todo sentido del detalle, fue el vino que regó la velada.


Ademas de la vocación docente del propio Pujía, Mariela Kahayan ( socia del emprendimiento) es pedagoga y se encarga de articular la visita de numerosas escuelas de la zona en forma totalmente gratuita.
Dentro de esta impronta tan cercana y de familia, el espacio se ocupa de la producción de su propuesta gastronómica, incluyendo hasta los panificados. La chef Silvana Cura ofreció un suculento antipasto y pastas al dente elaboradas allí mismo en el estilo de la comida que el Maestro, un verdadero argentano (como le gustaba reconocerse) recordaba de su infancia calabresa.



