Rosé con mayúsculas

La madurez de un público que consume menos pero mejor es el fenómeno que posibilita que los creadores de vino empiecen a atreverse con propuestas cada vez más sofisticadas. Éste es el caso de Susana Balbo, que apuesta a un rosado que no necesariamente se casa con la canícula.

 

Ya hemos comentado desde estas páginas cómo al incrementarse la demanda por parte de un consumidor ávido y medianamente curioso empezaron a crecer ofertas con cepas menos populares o directamente la apuesta por blancos y rosados cada vez más sofisticados. Como todo en el mundo del vino va andando con un conservadurismo de pasitos de bebé claramente el rosado fue el último en subirse a este tren. Por supuesto se habilitó una explosión en sus versiones más jóvenes y frescas, emparentadas casi exclusivamente con el calor y el borde de la pileta.

 

Sin embargo, prestándole atención a las tendencias internacionales, vemos cómo existe una movida que apunta a producir rosados de gran calidad– nos cuenta Susana Balbo que, con su Rosé del Valle de Uco, le ha sumado el ejemplar más ambicioso a la categoría- Con mi hijo José decidimos hacer una serie de vinificaciones donde desfilaron por supuesto el Malbec y el Pinot Noir, pero también el Syrah o la Bonarda. La idea fue crear un bivarietal que representara con mayor justeza su zona de origen. Así que, finalmente, decidimos que lo mejor era emparejar el Malbec con Pinot Noir en una proporción en el orden del 60/40.”

 

Para ello resolvieron recurrir a métodos de la tradición provenzal, proponiendo ya no sólo  vendimias muy tempranas sino incluso dos tiempos diferentes de cosecha para cada varietal. “Claramente esto también suma en la construcción de precio puesto que debemos realizar una primera cosecha casi como si se tratara de vinos base de espumante, hacer una maceración en frío muy breve y luego conservar el producido a muy baja temperatura para ralentizar la fermentación. Algo curioso que sucede por ejemplo con una cosecha tan “verde” si se quiere del Malbec es que se consiguen notas florales casi indiscernibles cuando se lo vendimia más cerca de su rango típico.”

 

Con esto en claro no sorprende el tono exquisito de tela de cebolla del Signature Rosé ni la complejidad de aromas y sabores. Hay muy buena mineralidad, una tensión refrescante y presencias de frutilla junto a ligeros toques herbáceos. Como para terminar de redondear esta apuesta por la elegancia a full, la botella se presenta con un tapón de cristal. “Nos pareció un buen detalle– Comenta Balbo- para que a la gente le siga sonando nuestra marca cuando reutilice nuestro envase quizás como su nuevo botellón para el agua.”