La liga juvenil

De jóvenes, por jóvenes, para jóvenes podría ser un buen punto de partida para atraer a las nuevas generaciones al mundo del vino. Los vaivenes del consumo han sofisticado la oferta y las bodegas buscan desandar un poco ese camino que les fue quitando el pan diario de las versiones más accesibles volcándolos a una fiebre varietal que terminó dejando gente afuera. Mientras grupos de otras industrias pretenden entrar al ruedo desvirtuando aún más la percepción del producto de nuestros amores (creyendo que los vinos son una suerte de cerveza sin espuma) hay gente que propone un acercamiento a un consumo que no reniega, aunque suene a perogrullo,  de que el vino es vino.

La Liga de Enólogos es un colectivo de siete jóvenes creadores de la industria aunados por el paraguas del Grupo Peñaflor que acaban de presentar tres nuevos Blends con la clara intención de desacralizar usos y situaciones de consumo con una impronta fresca y descontracturada. Oriundos de tres zonas de producción distintas y de diversas bodegas dentro del grupo, estos siete amigos buscan  comunicar un primer acercamiento al vino sin tantas vueltas.

Para el caso este trío de protagonistas de la movida propuesta por la Liga (conformada por Carolina Cristofani y Emile Chaumont por Salta, Alejandra Riofrío y Victoria Flores por Mendoza y Fernando Sirerol Herrera, Tomás Bustos y Juan Ignacio Arnulphi por San Juan) fueron presentados en un encuentro de prensa por dos de sus miembros.

Carolina Cristofani y Juan Ignacio Arnulphi serían los responsables de guiar la cata de estas tres nuevas etiquetas «Creo que ya queda claro desde la estética que estamos buscando generar un acercamiento al vino descontracturado y que  no espante al que recién se inicia– comenta Carolinaestos nuevos Blends se suman a la serie El Bautismo donde también ofrecíamos una propuesta atractiva tanto desde el perfil de los vinos hasta un diseño juguetón y que se destaque en la góndola.» Ciertamente es una jugada magistral que un grupo aliente la creación de alianzas entre sus jóvenes winemakers buscando perfiles bien accesibles y con la posibilidad de proponer novedades con precios muy asequibles. «Los tres han sido creaciones colectivas– toma la posta Juan Ignacio– algo que nos ha hecho hacer malabares en medio de la pandemia con mucho intercambio de muestras entre nosotros y mucha cata por zoom. La idea fue desde siempre estar a la búsqueda de nuevos productos con perfiles pensados para la introducción al mundo del vino, jóvenes y frescos. También estamos proponiendo sorprender con el uso de varietales que salen de lo común y sirven para estimular la curiosidad del consumidor que recién se inicia con precios que además los vuelvan atractivos. Para ello nos sirve la relación que cada cual ha ido desarrollando con los proveedores y el consiguiente conocimiento de sus recursos. Podemos utilizar viñedos y cepas que sabemos que existen pero que quizás no estarían sumados a otras líneas de nuestras bodegas mayores

 

El primer ejemplo es un Blend de dos variedades blancas que han tenido una larga historia en el consumo de vinos blancos genéricos y que también cuenta con una nobleza que los vuelve interesantes a la hora de presentar a las nuevas generaciones.  «El Regreso» va adornado con dos superhéroes  voladores que chocan sus copas y que aúnan esfuerzos con un assemblage sumamente fresco conformado por Semillón (60%) más Chenin provenientes del Este de Mendoza, la altura de Cafayate en Salta y el destacado Valle de Tulum en San Juan. Es un vino con buena acidez y mucha fruta tropical que se beneficia de un toque de miga de pan merced a su contacto con lías finas.

A continuación llega el turno de «La Gran Nacha» con un protagonismo descollante de, por supuesto, Garnacha Tintorera cerrado con un 30% de Syrah. Aquí la imagen, claramente inspirada en los afiches sobre la incorporación de la mujer en el esfuerzo de guerra, parece mentar a la versatilidad de una cepa que se la banca. Típicamente el color es un violeta intenso y en nariz ataca con una marcada confitura de frutos rojos más algún dejo de secundarios de higo. Vamos subiendo en estructura aunque también sigue en su paleta amable-gastronómico.

Finalmente llegó el turno, literal, de «El que ríe ultimo (ríe mejor)». Aquí se apuesta por una suma tánica de dos tintas que podrían pintar más recias, como lo son el Cordisco sanjuanino de Tulum y el Tannat en altura de Cafayate. Lo de la reciedumbre no era exageración y el mismo Adulphi comentó la necesidad de estarle muy encima para evitar que tomasen un protagonismo peligrosamente astringente. Sale a terciar el tiempo del paso por madera (por eso la alusión a la paciencia del que espera para reírse después) lo que consigue una presencia de taninos bien redondeados y dulces con una jugosidad que promete una buena base para lanzarse a continuar la búsqueda de sabores y perfiles más complejos tratando de seguir completando la educación sentimental del vino.

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