Ilimitados

Como cada año Benmarco presentó sus novedades de la mano de Edgardo del Popolo. La convocatoria fue en El Preferido (con su espacio renovado y una carta diseñada ahora por el chef Guido Tassi) y por allá desfilaron los miembros de la clase 2018 más un particularísimo preestreno 2019.

 

El responsable de la línea de la bodega de Susana Balbo sigue firme en su prédica de crear vinos con la menor intervención enológica posible, que reflejen el terroir, desde una parcela exclusiva a toda una zona. Y, en una bodega donde no faltan enólogos (desde la propia Susana pasando por José Lovaglio, su hijo) es de destacar el espacio que se le brinda. No en vano Del Popolo suele reconocerse como viticultor haciendo hincapié en su doble condición de enólogo e ingeniero agrónomo. Desde el comienzo de su carrera en 1992 ha sabido convertirse en un referente con una profunda relación con el viñedo como protagonista. “Hemos producido muchas de nuestras líneas en el Valle de Uco, pero esto no ha sido un impedimento para que tratemos también de ir más allá buscando las más auténticas expresiones de zonas como, por ejemplo, el Valle de Pedernal en la vecina San Juan.”

 

Para entrar en materia, Del Popolo eligió comenzar con un estreno , la primera inclusión de un blanco en la línea Sin Límites, el Chardonnay de la finca que la bodega posee en Gualtallary. Con un alcohol presente (13,5) que se amalgama muy bien con los aportes de una tonelería francesa de primer uso. El paso por madera ayuda a redondear y ensamblar diversas notas pero no se vuelve intrusivo ni apuesta por la untuosidad. Es muy lineal, con buen largo de boca y una acidez refrescante. Hay notas de hierba, cítricos y flores blancas antes que cualquier exceso del “tropicalismo” que suele espantar a algunos colegas (here’s looking at you, Elizabeth).

 

Luego pasamos a la línea clásica, abriendo el juego con el Benmarco Malbec. Como todos los integrantes de esta línea, este Malbec apuesta a una agradable mineralidad típica del suelo franco arenoso de Los Chacayes. A renglón seguido llegó el Cabernet Sauvignon de Los Arboles donde también cierta filosidad termina generando una nota que se acerca más a la pimienta negra que a la tipicidad varietal del pimiento verde. Para el Cabernet Franc (confesamente la cepa favorita de Del Popolo) vuelve a jugar la lenta maduración, debida al frío del Paraje Altamira, consiguiendo que prevalezca lo herbáceo antes que las pirazinas.

 

Le siguió el turno a los Sin Límites. Si la línea clásica apuesta a referir una zona, estos vinos deciden ahondar en el cosmos más acotado de las parcelas. Eso queda en evidencia con la elección de una misma cepa con interpretaciones tan distintas como las que pueden brindar un Malbec en Gualtallary o en la vecina San Juan. Sin embargo los dos fueron criados en huevos de hormigón para pasar luego a barricas con mucho uso. “Sólo pretendo que el paso por madera produzca un redondeo de taninos y cierta microoxigenación, no quiero que estas expresiones se vean influenciadas por una madera muy presente– comenta Del Popolo.” Ciertamente que ambos son animales muy distintos. En el mendocino priva una buena acidez, con notas que refieren al calcáreo de la subdenominación Gualtallary Monasterio. Pasando al Malbec de El Pedernal, aquí se vuelve patente una suerte de nota salvaje, muy diferente del anterior. Esta nueva denominación está recién comenzando a ser explotada y es un área ideal para la experimentación. Se encuentra a unos atendendibles 1525 msnm y posee un origen geomorfológico fuera de lo común merced a haberse formado bajo el titánico peso de un glaciar, más aportes aluviales y coluviales.

 

Cerca del cierre llegó el Benmarco Expresivo, el assemblage de la escudería. Un vino icónico, de gran complejidad merced a la sumatoria de un 85/15 de Malbec y Cabernet Franc de Gualtallary. Aquí sí se recurre al paso por madera (roble francés de primer uso y tostado suave) por 14 meses. Pero no hay que llamarse a engaño, el Expresivo continúa en el derrotero de sus hermanos menores apostando a la expresión más primigenia y especular con el terroir donde fueron producidos. El frío de Gualtallary genera una maduración lenta que redunda en notas complejas, con mucha pimienta rosa, violetas y ciruelas pasas.

 

Como último invitado, y como le gusta al anfitrión, se consintió la incorporación de un inédito, el casi verde Benmarco Sin Limites Malbec Orgánico 2019. Un distinto, tomado literalmente al pie de la vaca con una apuesta superlativa como la primera expresión de la bodega de un vino natural sin sulfitos agregados.