Con sólo siete años entre nosotros la línea de vinos naturales (sin sulfitos agregados y además orgánicos certificados) de Santa Julia suma y sigue con su simpática saga de animalitos camperos. Y como para dar cuenta de su sólida progresión la gente de la bodega convocó a un grupo de periodistas a un almuerzo en Los Galgos como la base sobre la cual aprovechar para probar las últimas añadas de su portfolio al completo.
Con la presencia de su enólogo Rubén Ruffo y de la ambassador Nancy Johnson pudimos dar fe de la evolución de este proyecto nacido en 2019.
«Esta línea de vinos naturales se da en cierta manera como un desprendimiento lógico de nuestra producción de orgánicos– arranca Ruffo – en mercados del exterior el contar con dicha certificación no siempre es una condición sine qua non pero sí abre muchas puertas. Comenzamos con El Burro, un Malbec, y se le han ido sumando blancos de Torrontés como La Oveja o hasta ambos combinados en el clarete La Vaquita.»
Justamente este último fue uno de los más destacados, tanto por su versatilidad y frescura, que quedó demostrada en cómo acompañaba la propuesta de la cocina porteña de Los Galgos. La elección de un almuerzo con platos típicos de la comida de los argentinos fue ideal para constatar cómo toda la línea funciona muy bien con la gastronomía.



«Precisamente– continua el enólogo – la idea detrás de estos vinos es que sean muy fáciles de tomar, con una buena acidez y la fruta al frente. Hemos ido experimentando para poder incluir cada vez más perfiles con una serie de ítems a tener en cuenta como la integridad de los racimos y una gran sanidad en la uva. Necesitamos que, puesto que no van a contar con la protección de ningún extra de sulfitos, las condiciones eviten sumar cualquier factor de riesgo extra. Tenemos muy presente lo que estamos buscando con cada vino y por ello producimos por encima de nuestras necesidades para cada año lo que nos permite hilar fino e ir descartando lo que no nos convenza al cien por cien con la ventaja de que aquello que no elijamos pasa directamente a la línea de orgánicos. «
Haber tenido la oportunidad de seguir bastante de cerca algunas etiquetas de la línea nos sirvió para ser testigos de su evolución. Arrancando con El Burro vemos cómo, a lo largo de las añadas, este tinto ha conseguido superar las primeras notas «verdes» tan características de este tipo de vinos. En caso de quien suscribe fue la primera vez con El Chimango, un rosé de Malbec y el clarete La Vaquita que deslumbró con su frescura y hasta una pequeñísima aguja.
«A diferencia de lo que suele pasar con muchos vinos en el exterior -nos cuenta Ruffo- aquí decidimos mantener las etiquetas con el arte de Emiliano Perrino que es tan particular y colorido que se desmarca en la góndola. El único problema fue que en Reino Unido hay una reglamentación que no permite imágenes que puedan resultar atractivas para los niños. Sin embargo a nuestro distribuidor le pareció tan definitorio del producto que apeló la medida y ahora toda esa impronta tan original se puede encontrar en cualquier vinoteca de Londres.»



