Como reloj deportivo, un distinto, con tanto que ver con hitos de la cultura pop como con los cinco anillos. Es que precisamente pasado mañana arrancan los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 donde Omega celebra su rol como cronometrador oficial desde 1932 con la tercera de las piezas homenajeando tan magno evento.
Lo que llama inmediatamente la atención y ratifica la tesis que esbozamos columna arriba es que hayan elegido uno de los Divers más icónicos de la manufactura para cerrar el trío de piezas dedicadas. No debería sorprender que los dos primeros sean, precisamente, cronómetros. Los Speedmaster eran candidatos cantados pero este recién incorporado gigante de las nieves parece llamado a romper todos los pronósticos.
Claro que el Omega Seamaster 300M ha dejado su impronta en el cine. Arrancando como opción fija de todos los Bond de Pierce Brosnan hasta el cambio de guardia con la Era Craig donde también ganaron protagonismo los Aqua Terra y los Planet Ocean pero que volvería a por sus fueros en su coda, «Sin tiempo para morir» atreviéndosele por primera vez al titanio y a una configuración militar de infantería, inédita para el Teniente–Comandante de la Reserva Naval de Su Graciosa Majestad.

Precisamente aquí volvemos con la bastante novedosa implementación de una caja y bisel de titanio grado 5 en 43.5 mm, algo más grande que los decimonónicos 41. Estos 300M ya venían coqueteando con ese material además de detalles en cerámica y mallas de caucho. Casi en oposición a su reconocido perfil de reloj-herramienta aquí campea por todo lo alto una blancura que no parece ser de lo más legible en medio de la nieve. La malla integral recubre la caja cerrando con un hebillón también de un titanio que apenas se hace visible en el marco del bisel, las coronas (en rigor la corona y la válvula de escape de helio porque este es un reloj de buceo hasta 300 metros que hacen mandataria la mezcla de gases) y la tapa roscada con cierre Naiad. Hablando de albura el bisel de cerámica está cortado con láser en relieve y marca también la carátula donde sólo destacan un segundero lollipop de un azul que se replica en las leyendas y gradaciones. Pero el fondo sorprende con una sutileza extrema: en él puede verse un grabado evanescente del número 26 casi abstracto y que parece el trazo de un dedo sobre un cristal escarchado.



