Con su blanca palidez

Como el rostro inmaculado de una geisha, de esos «cutis hermosos y delicados, tan suaves que uno no se atreve a besar, pero lo mismo besa» en palabras de Alphonse Allais llega hasta nosotros la última entrega de la celebrada línea Seiko Presage Craftmanship. Precisamente lo que destaca a dicha serie son sus carátulas, realizadas en materiales tradicionales de la cultura japonesa.

Y si bien la porcelana Arita ya había sido utilizada en en este tipo de relojes, en este SPB445 alcanza un protagonismo tal que ha hecho mandatario un minimalismo extremo para todos los demás elementos de la esfera. Seguimos hablando de la legendaria cerámica que vió la luz hace cuatrocientos años en el oeste de Saga y que, para estos Seiko, es realizada por el maestro artesano Hiroyuki Hashiguchi que recurre a tres cocciones diferentes en un horno a 1300 grados y que termina siendo esmaltada y pulida totalmente a mano lo que le brinda una dureza y un brillo únicos.

Vuelve a por sus fueros la típica caja Presage en acero con acabado super duro, con la corona tipo madalena ligeramente sobredimensionada y pivotando alrededor de los 40 mm (40.6 en este caso) y cierre en zafiro por ambas caras.

Por supuesto volviendo a la protagonista indiscutida: los numerales son simples líneas azules a juego con el color Breguet de las agujas, que aquí pasan a una forma de hoja elegante pero despojada. Hay un motivo estriado totalmente inédito entre ambos y un indicador de 24 hs a las seis que funciona en sincro con la hora del reloj (no ofrece un segundo uso horario)

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