Alegoría

El modo en que se creó Antucura parece replicar la metáfora del Malbec. Una cepa que llegó de Francia y que aquí fructificó en una forma inédita y termino aquerenciándose al otro lado del mundo. AnneCaroline Biancheri, francesa y alma mater de la bodega, llegó a Mendoza hace tres décadas y aquí terminó desarrollando sus proyectos, su familia y su vida.

Lo que arrancó como una editorial profundamente ligada al mundo del vino, Caviar Bleu, luego se convertiría en una bodega con nombre pehuenche. Como con otros ejemplos del valle o incluso la patagonia, la existencia de fruta fina en las 100 hectáreas de la finca prometían un futuro venturoso para las vides y ya en 1998 se encaró el puntapié inicial de la bodega. Precisamente por aquel entonces Michel Rolland estaba recorriendo la zona en pleno planeamiento de lo que luego sería el Clos de los Siete. La incipiente bodeguera tuvo el invaluable asesoramiento del celebre winemaker a la sazón un amigo de su padre. Y así nació la bodega de Vista Flores.

Apenas cinco años después la finca comenzó a producir uvas de gran calidad, al punto de que el propio Rolland creyó que sería una buena idea que Biancheri hiciera sus propios vinos. Volviendo a la metáfora del Malbec, aquí desde el vamos se había abrevado en clones franceses, especialmente de Cabernet Sauvignon y Merlot, pero atentos al modo en que se expresaban en el faldeo cordillerano. Visitando la bodega hace poco pudimos ser testigos de la expansión que está encarando y charlar con su responsable enológico

«Empezamos con vinos de corte – comenta Mauricio Ortiz, quien lleva más de 10 años en Antucuray ahora también trabajamos con varietales netos y Single Vineyards. El hecho de haber seguido tan de cerca el desarrollo de nuestra finca nos da un conocimiento muy detallado de las uvas que producimos. Un ejemplo de ello es nuestro Cuartel 5. Esta parcela de Malbec nos brinda tanto uvas para nuestro Single Vineyard como para el Antucura de entry level. Pero esta mezcla de conocimiento y disponibilidad nos da la posibilidad de jugar con hasta tres tiempos de cosecha y construir esos vinos con un gran abanico de expresiones

Por supuesto que sus etiquetas de gama media muestran una prédica bastante de Viejo Mundo pero con la notas vibrantes y la acidez que se distingue, pero también llama la atención la forma en que se presentan los vinos de entrada. Está el Malbec del que habíamos hablado, un Rosé muy fresco de Malbec y Cabernet Franc, pero muy especialmente un Sauvignon Blanc que parece jugar con los 1000 y pico de metros de cota de Antucura. A diferencia de la extrema amabilidad de las versiones trasandinas tipo Casablanca o de las ríspideces de la ruda con la que encara la cepa Dany Rolland aquí nos encontramos una versión herbal, fresca y con unos espárragos que hacen pensar, aunque atenuados, en los Sauvigon Blanc del Norte en Altura. Con un precio muy amigable es un buen punto de partida para empezar a conocer esta bodega con un pie en ambos mundos.

Deja un comentario