Ya el genial Nicolas Hayek había acuñado la máxima de «la gente que compra mis relojes no lo hace para ver la hora«. La alta relojería ya ha demostrado una y mil veces su vocación por las proezas, tanto mecánicas como estéticas, como para conformarse con brindar lo que hoy día cualquier celular ofrece en su primera pantalla. Y, así y todo, siempre hay lugar para un tour de force más como lo demuestra el último opus de Ulysse Nardin.
La célebre marca de Le Locle acaba de cumplir precisamente 180 años desde que salió a la palestra con sus muy confiables cronómetros marinos. Sin embargo con la compra de la manufactura por Rolf Schnyder en 1983 y la rutilante incorporación del «mago relojero» Ludwig Oechslin surgió un impulso innovador y vanguardista que la convertiría en socia fundadora de la nouvelle horlogerie.

Toda esta novedad habría de plasmarse en la serie Freak, que vió la luz hace exactamente un cuarto de siglo. Este Super Freak hace honor a su patronímico superlativo llevando aún más al extremo los features de un guardatiempos que rompe con todas las reglas.
Por empezar, en cuanto a sus funciones, es «apenas» el equivalente de un tres agujas, horas, minutos y segundos, aunque sin agujas. Ni fondo. Ni corona. Dentro de una caja de oro blanco de 44 mm las horas las marca un disco interno translúcido de Nanosital azul una suerte de polímero elegido por su altísima transparencia. Así uno no va a perderse detalle de la magnífica mecánica de esta pieza fabulosa. Siendo el epítome de su filosofía el Super Freak acusa una especie de ingeniería inversa, puesto que tanto el escape como los dos tourbillons en contramarcha giran y flotan por encima del mecanismo. Al igual que todos sus hermanos tiene un puente que los aúna y cuyo extremo funge como indicador de los minutos. Aunque a diferencia de ellos y como novedad exclusiva presenta una suerte de poliedro justo antes de la punta que cuenta los segundos con indicadores de a 15 con una transmisión de cardán recién patentada.

Decíamos que carece de corona e igualmente ES UN RELOJ DE CUERDA AUTOMATICO. Para cargarse de la enorme energía que consume siendo un mecanismo totalmente móvil recurre a un sistema ultra sensible de carga en molinillo que recolecta y transforma hasta el mínimo movimiento de la muñeca del usuario más un sistema de cuerda manual que se activa girando la tapa del fondo. La otra función que podría pensarse indiscernible de la corona sería la puesta en hora que aquí se consigue a través del propio bisel, liberándolo mediante una pestaña de anclaje a las seis.
Como claramente la serie no le teme a las novedades (más bien las propugna) aquí vemos cómo ha evolucionado el escape de silicio del que Ulysse Nardin fue absoluto pionero hacia el DIAMonSIL una técnica que integra diamantes pulverizados sobre el material base ampliando aún más su resistencia toda vez que también acota dramáticamente la necesidad de aceitado y mantenimiento.
Pese a ser una pieza ultra sofisticada y si se lo compara con los modelos de una manufactura que podría jugar en su misma división como Jacob & Co, el Super Freak parece bastante mas «ponible» si uno dispone de ese tipo de dinero y decide hacerse de una de las exclusivas 50 piezas de esta edición acotadísima.



